martes, 20 de abril de 2010

Ser gay en chiclayo

Ser gay es mas complicado de lo que parece. Todos dicen que lo mas dificil de la ''situacion'' es salir del closet y mostrarle al mundo que eres feliz tal y como eres, pero se equivocan.Es un mundillo totalmente aparte, como si fuera paralelo a la relidad, es muy diferente a ser gay en chiclayo o Perú en general que serlo en un pais mas desarrollado, vamos a tratar de resumir las causas por que la diferencia:

1.-La falta de educacion de la mayoria(por no decir todos). Aunque yo ya me acostumbre a la baja cultura de algunos. Mas que una superacion es una obligacion no sentirte discriminado por que este sociedad te destruira si por un minuto bajas la cabeza.

2.-La familia.Eso depende no? Hay tantas ''especies'' de familias pero en mi opicion se dividen en estos dos grandes grupos: Conservadoras y No conservadoras, si pertences al grupo de la primera no estas del todo cagado, nunca es tarde para cambiar y mejor si es para bien, aunque la transicion sera dura y penosa los frutos se veran despues.Con respecto a las familias no conservadoras las cosas son mas faciles pero aun asi la situacion en casa cambiara quieras o no, pero la transicion y la adecuacion a tu nuevo estatus sera corta y sin problemas.

3.-Tus amigos.Ay Dios, eso si que para mi es lo mas dificil de afrontar, mas cuando has vivido tanto tiempo en el armario.Es cuando se hacen notar los verdaderos amigos, los que te quieren sea cual sea tu opcion sexual, pero siempre hay alguno al que creiste ser uno de los mejores pero en realidad te dio la espalda de una manera muy grotesca al contarle tu verdad, dolera mucho pero al fin y al cabo te haces un bien por que te das cuenta que esa persona no vale ni la millonesima parte de lo qe vales tu.

4.-Amigos Gay.Como siempre hay de todo..pero parece ser que en ambiente gay hay mucho mas, siempre encontraras algo diferente que te llamara la atencion o no, eso depente de ti.Y tambien depende de ti a quien elijas como amigos por que aunque digas que te lleves de lo mas lindo con tus amigos heterosexuales siempre la pasaras mejor con tus amigos gays, amigos qe si no los sabes ecoger bien te llevaran por caminos ''oscuros'' donde ya no hay vuelta.Pero por el otro lado estan los amigos que valen la pena , esos que te cuidan cuando van a juergas ,esos que te recomiendan con quien y con quien no (jajaja), esos que haces un monton de mariconadas que al final del dia pasas riendote en tu cama antes de dormir.

Asi resumi un poco el mundillo G. xD

martes, 23 de septiembre de 2008

Cuando el amor se reduce a recuerdos


Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminado por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.
Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los ví cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.
Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adoslescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad.
La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.
A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura.
Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuantos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.